Desde hace un mes he creado un nuevo blog:

elblogdepacocarrillo.wordpress.com

Este nuevo blog consta, básicamente de tres apartados: uno de opinión A MI AIRE; otro SOY CAÑAÍLLA (a mi aire también), y por último, por aquello de la nostalgia del tiempo ido, iré recogiendo recuerdos del MADRID que conocí hace más de cincuenta años.

Cuando quieras te puedes pasar por el nuevo.

Un saludo.

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Como el amigo Iñaqui

Tengo un ¿amigo? que se llama Andrés; es alto, esbelto, tiene buen aire y sonríe que da gloria. Conste que definir sus encantos no encierra morbo sexual alguno, sino admiración por la insensata naturaleza capaz de convertir a Doris Day en estrella de cine a pesar de sus mofletes de muñeca pepona y a Laurence Olivier en tío simpático. Igual pasó con Spencer Tracy cuyos directores tenían que aprovechar sus escasos momentos de abstinencia etílica para sacar una secuencia aparentemente sereno. Mi amigo está obnubilado con Iñaki Urdangarín, no porque sea rico ni porque sea apuesto, sino por el braguetazo que dio gracias al encoñamiento de la infanta. Porque las infantas antiguas se enamoraban en plan tontorrontón, las de ahora se encoñan como las protagonistas de las revistas del corazón, también llamadas “las bien pagás”. Sigue leyendo

Sin ánimo de molestar

Eso, que nadie se moleste si digo que la política es idéntica a esas bodas de medio pelo celebradas por todo lo alto. Nunca he sido partidario de ese tipo de festejos, ni siquiera cuando eran “para toda la vida”. Ahora que la fecha de caducidad viene impresa en las bragas de la novia, tanta parafernalia me parece, aparte de ridícula, una estafa. Como la política pero en sentido inverso. En la política, aparte de que van sin bragas, llevan este desconsolador eslogan: “Ad calendas graecas”. Sigue leyendo

De ídolos y de Santos

Si echo la vita atrás, salvo en mi más tierna infancia con el Guerrero del Antifaz, no me veo adorando a ningún otro ídolo. Más tarde, acaso fuera Sir Percy Blakeney, el protagonista de “La Pimpinela Escarlata”, el que más se aproximó. Después de aquéllos sólo he tenido arrebatos que han durado el tiempo justo hasta ver del pie que ha cojeado cada uno. Sí, no voy a negar que Quevedo me hizo mucho tilín, lo mismo que Velázquez, o Goya, pero que por ser de carne y hueso, ya me ponían en duda; más tarde me di cuenta de que la obra de los grandes artistas no tienen justa correspondencia con sus virtudes personales. De ahí a que el altar de mis ídolos de carne y huesos no tenga muchas estampas. Sigue leyendo

¡Andalucía y olé!

Cuando se admite que la meta del individuo es el mundo; cuando ya no vale para nada ser el más alto del barrio; cuanto más obligación se tiene de trascender de lo doméstico, se pone de manifiesto que los nacionalismos ni han sido, ni son, pretextos ideológicos, sino el reconocimiento irrefutable de complejos de inferioridad. Con su dosis de soberbia y de altanería de barriada. Sigue leyendo

Nada nuevo bajo el sol

Hace falta ser simple para escandalizarse con lo que tiene armado Urdangarín, ¡como si las prebendas por ser vos quien sois las hubiera inventado él! ¿Ya nadie se acuerda de aquella exclamación tan triste: “¡usted no sabe con quién está hablando!”. Parece que en España jamás se le ha hecho la pelota a un gobernador civil o a la hija de un ministro, ni existe las bandas de risueños babeantes alrededor del baranda de turno.

Lecciones de historia

Lo bueno que tiene el ser aficionado a la Historia es que a medida que pasan los años se comprueba que nada de lo leído ha sido verdad. La Historia es algo que pasa mientras no nos damos cuenta de que está ocurriendo, y que, al cabo del tiempo, nos hace ver lo equivocado que estábamos. Para saber algo de Historia hace falta constancia y un cedazo. La Historia, en definitiva, no es sino la memoria interesada y mudable de los que la escriben. Hay otras aficiones parecidas: tratar de hacer rompecabezas imposibles.
Recordar que hubo un tiempo que en España no pasaba nada cuando estaba pasando de todo, consuela mucho con lo que ocurre hoy, que tenemos el miedo en el cuerpo aunque no pase nada. Llego a esa conclusión. He tardado, lo sé, pero más tardé cuando pude comprobar que los tragasables era un truco, igual que el mago que atravesaba con sables el baúl donde estaba la chica dentro. Sigue leyendo