Es posible que esta premisa esté presente en la cultura Zen, esa tradición del budismo Mahayana. Lo que no sé es si de forma taxativa figure en algún programa político, aunque lo parezca, aunque lo practiquen por omisión, para eso están, para darle sentido al “usted es usted y sus circunstancias” orteguiano o para hacer bueno lo que, por lo visto, dejó dicho Buda: «Hoy, mañana es incierto». Buda no conoció a la casta cuyo lema es: Más vale copa de vino en la mano que bodega en fotografía.
Sin intención de presumir, estoy leyendo ahora un libro de R. A. Dtradling “Europa y el declive de la estructura imperial española: 1580-1720”. Aquí, el historiador inglés va analizando los cómos y los porqués de la desaparición del imperio español, quiero pensar que no sólo en esa época, sino que extrapolando los datos, llegamos a la España de hoy. De ese estudio se puede deducir que desde siempre existe una constante: la desgracia que hemos tenido con los reyes y los gobernantes a través de la Historia y que, a medida que se sale de los historiadores en nómina, nos damos cuenta de lo engañados que hemos estado. No antes más que ahora o viceversa, sino siempre, sin olvidar que la mayoría salían del mismo pueblo que ha sido siempre como ha sido.
Posiblemente esto sea común a todos los países para con sus propios ciudadanos. Quizá sea esta la razón por la que, al enterarnos a destiempo, no actuemos en el momento preciso de manera contundente, sino cuando ya no hay remedio, salvo que se quiera falsear la Historia con unos objetivos concretos; o lo que es lo mismo, la Historia que escribimos a diario no toma cuerpo hasta muchas generaciones después.
Estudiar cómo España, Castilla, soporta hasta seis guerras al mismo tiempo sin que en ninguna de ellas saque beneficio alguno, sino al contrario, sólo sangre y hambre, es como para dudar de los que desde tiempos inmemoriales, por unas u otras razones, nos vienen gobernando para crear, a base de siglos, el cultivo donde hoy estamos anclados sin que en ningún momento hayamos sido dueños de nuestros destinos.
Leía no hace mucho una definición de la corrupción que me hizo pensar: “Corrupción es intentar ser algo sin mérito alguno”. Certero, ¿verdad?, pues más certero es el remate final del pensamiento: “Y admitir que esto es así”. Es decir que la corrupción es cosa de dos, de los que quieren ser algo sin merecimientos y los que permitimos que esto suceda. Conceder derechos aunque no se cumplan y exigir responsabilidades aunque no se deje oportunidad para ejercerlas porque entre ellas estaría la de ajustar cuentas, es el círculo vicioso en el que nos encontramos desde hace siglos. Lo vengo diciendo con insistencia: vivimos en un espejismo de libertad, si acaso unos pocos podemos utilizar la de expresión, pero con el riesgo de estar anotados en la lista negra de los que confunden el poder con el mando o, para repetir lo anterior: para los que intentan ser sin mérito alguno; es decir, de los oportunistas de turno.
Los chapuceros tienen un lema: “Mantente mientras cobro” Mire alrededor y no verá más que chapuceros sin ánimo ni capacidad para llegar a lo hondo de nuestras raíces podridas desde tiempo ha. Nadie aspira a arreglar nada, sino a que no se caigan los palos del sombrajo donde ellos están a resguardo de los relentes. Y algunos llevan toda su vida jodiendo a los demás, no porque los demás renunciemos al futuro, sino porque el futuro no nos pertenece.
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