Me refiero al tango, ejemplo de que todo puede ser visto desde ópticas distintas y le pido, por favor, que lea parte de la letra que inmortalizara Carlos Gardel, pero tenga la mente puesta en lo que usted sabe: «Corrientes, tres, cuatro, ocho, / segundo piso, ascensor; / no hay porteros ni vecinos / adentro, coctel y amor. / Pisito que puso Maple, / piano, estera y velador… / un telefón que contesta, / una fonola que llora / viejos tangos de mi flor, / y un gato de porcelana / pa que no maúlle al amor. / Y todo a media luz, / que es un brujo el amor, / a media luz los besos, / a media luz los dos… / Y todo a media luz, / crepúsculo interior, / que suave terciopelo / la media luz de amor».
Si usted, que lee estas líneas, es caballero cincuentón o señora de la misma edad (con perdón), aunque no los haya frecuentado, sabrá perfectamente qué trata de describir ese tango. “Meublés” llamaban a los que tenían un aquél; los clientes discretos también solían decir “casa de citas” o de “niñas”, y la gente corriente y moliente, “casa de putas”, los muy bestias, aunque éstas últimas no tenían ni pianos, ni esteras, ni gatos de porcelana, si acaso un impreciso olor al Blenocol y a lejía y en todos, eso sí, estaba presente la media luz; en unos por un concepto de la elegancia y la discreción aunque, sobre todo, para disimular las arrugas de las féminas, y en otros de otra época, porque hacer el amor a la luz de los quinqués también tenía su morbo aunque fuera por imperativo formal.
Pero le decía al principio que todo puede ser visto con ópticas distintas. Líbreme el dios laico que se venera hoy de hacer comparaciones con los meublés actuales. No sea mal pensado. Es verdad que los de ahora siguen teniendo discreción a pesar de que la media luz no esté motivada por las restricciones ni por la elegancia. La media luz es propicia (siempre lo ha sido) para el pasemisí, es decir, para que la mano derecha no sepa lo que se lleva con la izquierda. Mise en scéne.
Desde que dejaron de exigir el libro de familia para que una pareja se alojara en una habitación de hotel, no es que los meublés desaparecieran, hay mucha gente que prefiere lo canalla, es decir, la verdad sin tapujos, de ahí que hayan vuelto a ponerse de moda, no solo en su vieja versión más higienizada, sino con el mismo aire de lupanar, aunque ya no huela a Blenocol, sino a Chanel nº 5. El problema radica en que han proliferado en tantos sitios que no necesariamente se dediquen al comercio de la carne, sino de las conciencias y sin que haya una cama in situ pero sí dinero de por medio. A media luz, que hoy las ciencias adelantan que es una barbaridad y nadie está a salvo de que haya cámaras fotográficas que traspasen las paredes o micrófonos que permitan grabaciones a dos kilómetros de distancia.
Le recuerdo una anécdota que se cuenta de un guardia municipal en La Isla de León: un señor, creo que mexicano, le preguntó al agente por las Casas Consistoriales, y el guardia, con severidad, le contestó: «Oiga usted, señor. Esas casas ya las cerró el Gobernador Civil hace muchos años». Por favor, piense bien antes de sacar conclusiones.
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