Desde hace mucho tiempo, creo que desde pequeño, tuve una, digamos, manía: ver una cara e imaginarme cómo podía ser la persona. Me equivoqué muchas veces, y aún hoy sigo equivocándome, pero no por ello desisto de la tentación de averiguar el fondo de las personas a través de su careto.
Mi lugar preferido era el tren o las salas de espera en las estaciones, que son sitios donde no se hace nada sino observar el paisaje y el paisanaje. O leer, ya sé, pero de Madrid a Cádiz hubo mucho tiempo para dedicarse a ambas cosas. Hoy, gracias sean dadas, bastante menos. Además, la gente se ha vuelto muy hosca y ya nadie se fija en nadie. Pero para eso está la prensa, para difundir caras que, de entrada, pueden provocar empatías o rechazos absolutos. Voy a arriesgarme a poner unos cuantos ejemplos con los que usted podrá coincidir o no, pero para eso estamos.
Para no remontarme a la prehistoria, voy a empezar por Arzallus. Con sinceridad, ¿le ha caído bien en algún momento? ¿Y Laporta? ¿Y Otegui y De Juana Chaos? ¿Si confieso que a mí me rechinaron los dientes desde el primer día…? Pero hay muchos más: Benegas, Trillo, Carod Rovira, Artur Mas, Pilar Bardén, su hijo y su nuera, Belén Esteban, Kiko Nosequé, J.J. Vázquez, el conde Lecquio, un tal Colate, por mentar sólo a unos pocos de los muy difundidos. Y, conste, no todos están en el mismo saco. Mi saco, como las mochilas de los alpinistas, tiene compartimentos distintos. No obstante, hay otros miembros y miembras, cuyos nombres desconozco, que forman parte de los pelotas que rodean a los líderes, esos que se les ve extasiados con una sonrisa de babeo cuando el prócer besa a un niño o saluda a una señora sin mirarla siquiera. ¡Qué tiernos!
Esos seres anónimos, relleno de todas las tartas, es que me crispan. Naturalmente no son ellos solos. Los hay próximos que también son insoportables. Callar sus nombres no es por prudencia, sino porque al saber más de ellos se corre el riesgo de hacerles propaganda gratis aunque sea negativa. Suelen decirlo: “Que hablen de mí aunque sea mal”. Tampoco me caen bien los que forman parte de esas mesas desde donde se presiden cosas. Soporto, sí, a los que participan aunque no coincidan con mis opiniones, pero los que hacen bulto, la verdad, siempre me representan a esa parte viscosa y oscura de una sociedad artificiosa, ingrediente innecesario en un caldo sin sustancia. “A menor cante, mayor el jipío” que decía Pemán. Pues eso, a mayor solemnidad, peor resultan.
Como habrá observado no he incluido en la lista ni a Zapatero ni a Rajoy. Con estos no hay que analizar nada, sus caras lo dicen todo para bien y para mal. Sus caras respectivas no debieran ser pistas para adivinar sus fondos. Claro ni las de nadie, ya lo sé. Aunque en este caso, como en el de los demás de los que se tienen noticias ampliadas por sus formas de proceder, no cabe el juego de las adivinanzas, que es de lo que se trataba. No obstante, la panoplia de nombres expuestos, a pesar de saber de ellos lo que sabemos, el juego puede consistir en contrastar la primera impresión al ver su careto con lo que después han ido dando de sí.
En fin, cualquier cosa antes de aburrirse del todo ni cabrearse a diario por lo que nos dejan al descubierto. Impresiones, sólo impresiones.
Advertisement