Así solían calificar los críticos taurinos a los toros cuando barbeaban en tablas. Así nos prefieren los políticos.
Comprendo que se tiene mucho ganado, socialmente incluso, si se es manso de solemnidad; es decir, si se practica el dame pan y dime tonto. Nunca los triunfos necesitaron tanto de prescindir de las tres o cuatro cosas en las que se pueden creer. Ya todo es relativo: la dignidad, los ideales, en afán de justicia, todo ha sido devorado por la mediocridad, los intereses particulares y la ramplonería. Al final, por mucho que se intente abrirle los ojos a la piara, es ella misma la que termina eliminando al que disiente. El que no sirve para junco termina roto. Y, total, ¿para qué si sólo los golfos son los que parten el bacalao?
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En diez millones de euros cifra la Junta de Andalucía el “problemilla” de los ERE’s. ¡Qué tontería, por favor, caer en semejantes minucias!
No añada usted por su cuenta que también habría que mirar esos otros diez que, se dice, Chaves le dio a su niña y los otros tantos de los tantos pasemisís que andan por el aire y que algún día —o no—, saldrán a la luz. No se haga muchas ilusiones. Recuerde aquello que dijo Jesucristo a sus discípulos: “ En verdad os digo: ¡qué difícilmente entra un rico en el reino de los cielos!. De nuevo os digo: es más fácil que un camello entre por el ojo de una aguja que entre un rico en el reino de los cielos.” Está claro, ¿verdad? Pues no. La cosa empezaría a estar clara cuando se averiguara cuántos de estos camellos ya tienen su apaño y cuántos han pasado de la casita VPO al chalé de la urbanización que ellos mismos contribuyeron para que se construyese.
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Dejando bien sentado que España no va a las guerras sino a misiones humanitarias y a vuelos de protección, las guerras, digo, tienen de malo que se saben cuándo empiezan pero no cuándo terminan. Ni cómo. Lo de si están bendecidas o no por la ONU me parece una jilipollez como la Torre Pelli sevillana. La ONU es otra jilipollez, como todas las camas donde caben los regímenes de todos los colores, incluso con derecho a veto, como China, o con ciudadanos sin derecho a voto, como tantos. ¡Joder, qué tropa, Miquelarena! Menos mal que Zapatero se conforma con la puntita nada más y, en este caso, con sus paniaguados de la ceja, esos que desprecian la tarta y se conforman con pellizcar sólo las guindas.
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Es posible que esta premisa esté presente en la cultura Zen, esa tradición del budismo Mahayana. Lo que no sé es si de forma taxativa figure en algún programa político, aunque lo parezca, aunque lo practiquen por omisión, para eso están, para darle sentido al “usted es usted y sus circunstancias” orteguiano o para hacer bueno lo que, por lo visto, dejó dicho Buda: «Hoy, mañana es incierto». Buda no conoció a la casta cuyo lema es: Más vale copa de vino en la mano que bodega en fotografía.
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Me refiero al tango, ejemplo de que todo puede ser visto desde ópticas distintas y le pido, por favor, que lea parte de la letra que inmortalizara Carlos Gardel, pero tenga la mente puesta en lo que usted sabe: «Corrientes, tres, cuatro, ocho, / segundo piso, ascensor; / no hay porteros ni vecinos / adentro, coctel y amor. / Pisito que puso Maple, / piano, estera y velador… / un telefón que contesta, / una fonola que llora / viejos tangos de mi flor, / y un gato de porcelana / pa que no maúlle al amor. / Y todo a media luz, / que es un brujo el amor, / a media luz los besos, / a media luz los dos… / Y todo a media luz, / crepúsculo interior, / que suave terciopelo / la media luz de amor».
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Desde hace mucho tiempo, creo que desde pequeño, tuve una, digamos, manía: ver una cara e imaginarme cómo podía ser la persona. Me equivoqué muchas veces, y aún hoy sigo equivocándome, pero no por ello desisto de la tentación de averiguar el fondo de las personas a través de su careto.
Mi lugar preferido era el tren o las salas de espera en las estaciones, que son sitios donde no se hace nada sino observar el paisaje y el paisanaje. O leer, ya sé, pero de Madrid a Cádiz hubo mucho tiempo para dedicarse a ambas cosas. Hoy, gracias sean dadas, bastante menos. Además, la gente se ha vuelto muy hosca y ya nadie se fija en nadie. Pero para eso está la prensa, para difundir caras que, de entrada, pueden provocar empatías o rechazos absolutos. Voy a arriesgarme a poner unos cuantos ejemplos con los que usted podrá coincidir o no, pero para eso estamos.
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